Todo sobre el mágico mundo de las hierbas y las plantas

Hierbas benefactoras sus mitos y creencias

Entre las plantas reputadas como benefactoras, bien por sus virtudes medicinales o por el poder mágico que le atribuyeron, señalemos el saúco, el laurel y la ruda.

El saúco

saúco

El saúco es un árbol o arbusto perteneciente a la familia botánica de las caprifoliáceas.

Era utilizado ya en la antigüedad, fue descrito científicamente en 1753 por el insigne Linneo en su obra «Species Plantarum», bajo el nombre de Sambucus nigra.

El nombre genérico Sambucus­ para unos autores corresponde al antiguo nombre latino del saúco, probablemente de origen sirio.

Para otros deriva de la palabra latina sambuca que designa a un instrumento musical elaborado con la madera de este árbol.

El epíteto específico nigra alude al color negro que toman sus frutos cuando alcanzan la madurez.

Mitos y creencias del saúco

Se creía que estos ramos de saúco bendecidos la noche de San Juan, impedían la entrada de las brujas en las casas, una vez coloca dos en las puertas y ventanas, o bien pintando una cruz y colgando el ramo a su lado, o haciendo una cruz con la planta.

Estas ceremonias son una reminiscencia de los antiguos ritos paganos, en los que se rendía culto a la naturaleza en los días más largos del año entorno a la actual festividad de San Juan, puesto que en dicho momento los vegetales reciben más horas de sol y alcanzan su máximo apogeo.

Dejando a un lado las presuntas propiedades milagrosas del saúco , lo cierto es que se trata de un vegetal con virtudes medicinales incuestionables ya que posee, entre otras muchas sustancias, alcaloides (sambucina), glucósidos (sambunigrina) y nitrato de potasio.

Las partes utilizables son las flores, bayas y la corteza de las ramas de uno o dos años, una vez raspada la porción externa.

Propiedades del sauco

Entre las propiedades medicinales del saúco, la más importante quizá sea su poder antiflogístico, combate las inflamaciones.

Las bayas son ricas en materia colorante, tanino, glucosa, ácido málico y una resina, siendo empleadas por sus virtudes purgantes, antirreumticas y antineurálgicas.

Las flores presentan propiedades sudoríficas, diuréticas, depurativas y galactógenas, siendo indicadas para el tratamiento del insomnio, bronquitis, asma, reumatismo, fiebres eruptivas (rubeola y escarlatina ya que favorecen la erupción), afecciones oculares, renales, cistitis, tuberculosis, dermatitis y furúnculos.

En uso externo, la infusión de dos puñados de flores en un litro de agua es útil para:

  • las compresas calmantes y baños calientes contra los sabañones
  • lavado de ojos (para las afecciones oculares y los eczemas de los párpados)
  • limpieza del cutis

Las máscaras de belleza, constituidas por arcillas disueltas en una infusión de flores de saúco, son muy recomendables.

La ruda

ruda

La ruda es una de las especies de mayor importancia por el reiterado empleo que de la misma se hace, como remedio casero, en multitud de dolencias.

Esta especie, (Ruta chalepensis Linneo, subespecie bracteosa De Candolle), pertenece, al igual que el naranjo y el limonero, a la familia botánica de las rutáceas.

Es una planta que llega a vivir varios años, con las hojas de tonalidad verde-glauco y divididas en numerosos segmentos de contorno ovalad.

Sus flores son de color amarillo-limón, poco vistosas.

Desde la antigüedad se empleó como abortivo, debido a que la planta ejerce una notable acción sobre las fibras musculares uterinas y, a ciertas dosis, esta acción se combina con una congestión de los órganos de la pelvis provocando el aborto.

Mitos y creencias de la ruda

Para algunos, la ruda tiene gran poder; contra los espíritus malignos y defiende de toda suerte de hechicerías, protegiendo al hombre incluso contra las fuerzas demoníacas, acompañándolo -al igual que el romero- desde la cuna hasta la sepultura.

La acción protectora y benefactora de la ruda para con las personas, también se creía que era extensiva al ganado.

Para evitar que las vacas fueran embrujadas, en algunos pueblos se colgaban del cuello de las reses una bolsas encarnadas conteniendo ajos, ruda machacada, excremento de cerdo y una cruz hecha de la misma bayeta que la bolsa.

El laurel

laurel

El laurel (Laurus novilis de Linneo), es un árbol o arbolillo cuyas hojas se conservan durante todo el año, de consistencia dura y color verde oscuro por el haz y algo más pálido por el envés.

Propiedades del laurel

Su más preciada virtud es el ser un buen tónico estomacal, lo que conviene a los inapetentes, ya que les excita a segregar sus jugos en las comidas apetitosas.

Por esta causa las hojas del laurel gozan de grandes prerrogativas culinarias, cuando se trata de dar su punto a un buen estofado de perdiz, de liebre o de jabalí.

La manteca que se obtiene de sus frutos, amén de emplearse en veterinaria para combatir los parásitos.

Se utilizó durante mucho tiempo como remedio para mitigar los dolores cólicos, ya que daba salida a los gases intestinales, sobre manera cuando se frotaba con ella en torno del ombligo de los niños pequeños.

Mitos y creencias del laurel

El laurel bendecido formaba parte de los amuletos de carácter vegetal que protegían contra el daño o maleficio que podían ocasionar distintas personas o circunstancias.

Así, para alejar las tormentas, uno de los remedios utilizados era quemar ramos de laurel. Para el tratamiento de las enfermedades de la piel, se consideraba beneficioso el agua bendita de laurel hervido.

En los ritos funerarios también participaba el laurel: se colocaban ramas y hojas de esta planta debajo del cadáver, en el ataúd.

En algunas aldeas estaba extendida la creencia de que las brujas producían el «mal de ojo» en las personas y reses, y que para ahuyentarlas debía procederse a quemar ramos de laurel bendito y cuernos o pezuñas de ganado.

Otro método contra el mal de ojo consistía en mezclar granitos de pólvora, suelas de zapatos viejos, ramas de laurel, panojas desgranadas y excrementos de gorrino; una vez encendida la mezcla y aspirado su vaho, el mal desaparecía.

Idéntico rito se seguía para desembrujar los animales: se colocaban sobre unas brasas el laurel bendito, echando encima gallinaza, estiércol de caballo y telas de araña; la res debía recibir el humo.

Remedio contra embrujamientos de niños

Cuando se sospechaba que un niño lloraba exageradamente debido a un embrujamiento, se procedía a quemar unas hojas de laurel y se pasaba al niño por encima, tres veces, formando una cruz.

El laurel tuvo un papel destacado en los ritos destinados a curar el «mal del niño», enfermedad de los niños desganados y débiles que podía contraerse si pasaban bajo el hilo cuando las mujeres devanaban o hilaban.

La certeza de que un niño había contraído dicho mal, se adquiría haciendo nueve nudos en un hilo, distanciados entre sí por el largo del dedo pulgar de la mano izquierda; con él se rodeaba el cuello del presunto enfermo y si, al cabo de nueve días, el hilo no se aflojaba es que el niño padecía dicho mal.



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