Todo sobre el mágico mundo de las hierbas y las plantas

Hierbas y plantas medicinales de la M-V

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Marrubio

Los griegos tenían gran confianza en esta hierba y la usaban como antiespasmódico.

Era también un antídoto contra la mordedura de perros rabiosos.


Milenrama

El nombre botánico de esta especie habla de su antigua historia, quizás leyenda. Ese nombre, Achillea millefolium, se debe a que era la hierba que el héroe helénico Aquiles usaba para curar a sus guerreros en La guerra de Troya.

Adquirió fama por sus propiedades curativas y se usaba probablemente como ungüento.

En forma de infusión se tomaba coma tónico y contra la fiebre. Seca, se usaba contra la calvicie, aunque su eficacia no ha quedado demostrada.


Nebeda (menta de gato)

La autentica menta de gato, Nepeta cataria, gusta mucho, según se dice, a los gatos, «que se restriegan contra ella, se revuelcan o retozan, y muerden también con gran placer los tallos y las hojas».

Se emplea asimismo coma medicina.

Se la consideró como «ayuda contra los moretones recibidos al caer algo desde arriba».


Perifollo

Es otra de las hierbas que los romanos introdujeron en Europa procedente de las orillas del Mediterráneo y del levante.

En el siglo XV era en Inglaterra una planta esencial que ha mantenido su popularidad. Para John Gerard, constituía ensaladas insuperables para la salud de los estómagos fríos y débiles».

Las raíces hervidas eran un producto preventivo contra las plagas. Se comía para curar el hipo y las hojas aliviaban en dolor del reumatismo y las contusiones.


Poleo (poleo-menta)

Los romanos le dieron el nombre de Mentha pulegium por mantener lejos las pulgas, pues en latín pulex significa pulga.

En el siglo XVI llegaba a Londres procedente de las regiones pantanosas: «desde varias millas de alrededor… venían cargadas pobres mujeres para venderlo en los mercados londinenses».

Esas «pobres mujeres» encontraron seguramente un mercado abierto debido a sus muchos usos. John Gerard decía que purificaba las «aguas corruptas» en los viajes por mar y que curaba «el mareo de la cabeza y los dolores y el vértigo».

Seco y en forma de polvo era una medicina contra la tos y los enfriamientos.


Salvia

Fue otra de las hierbas que viajo en el equipaje de los romanos por toda Europa.

Su nombre significa en latin «salud» y desde tiempos muy remotos la gente creyó que era fuente de bienestar, tanto físico como mental.

Los griegos la usaban para contrarrestar todo tipo de afecciones, entre ellas las ulceras, tisis, mordedura de serpiente y dolores diversos. Entre los romanos se tomaba como alimento solido.

Los chinos prefirieron durante algún tiempo sus infusiones al te clásico, debido en parte a sus propiedades tonificantes.

Se la consideró favorable para el cerebro, los sentidos y la memoria; fortalecía los nervios; era buena para la parálisis y curaba las punzadas; servia para hacer gárgaras y enjuagues, y mantenía blancos los dientes. Se recomendó su uso para hacer cerveza.


Sauco

El agua de flores de sauco se usa como remedio para los resfriados durante varios siglos.


Tanaceto (hierba lombriguera)

Utilizada popularmente contra los gusanos, se empleo también como abortivo.


Tomillo

Se supone que una tisana hecha de las hojas de esta hierba cura el insomnio.


Toronjil

Melissa officinalis, el nombre botánico de esta hierba, procede de una palabra griega que significa «abeja», pués los griegos creían que estos insectos no se alejarían nunca de una colmena si cerca crecía un toronjil. Por eso rodeaban siempre las colmenas de estas plantas, para atraerlas.

El toronjil tiene también características valiosas para el hombre. Aliviaba la tensión. Servia de apósito para las heridas, en especial las producidas por espada, y en la Edad Media se creía que una ramita de toronjil colocada encima de una raiz era suficiente para detener la sangre.

Era buena para los oídos, el dolor de muelas y los mareos durante el embarazo. Servía para curar las mordeduras de perros rabiosos, las erupciones cutáneas y la tortícolis.

Evitaba la calvicie. Si se metía en un amuleto de tela o seda, la mujer’ que lo llevaba era feliz y recibía el amor de un varón.

Con todos estos poderes no resulta sorprendente que los antiguos griegos creyeran que prolongaba la vida, y que el príncipe Levelin de Glamorgan bebiera «te de toronjil»,según decía, todos y cada uno de los días de sus 108 anos de edad.


Valeriana

Se supone que una tisana hecha de esta hierba actúa como panacea universal.



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